Cd. Juarez, Chih.- En uno de los pueblos más pobres de la costa del Pacífico, María Galán cierra los ojos y mira el techo de zinc mientras se estremece por el dolor que siente en los huesos durante la mayor epidemia de dengue registrada en la historia de Perú.
La mujer de 47 años ha tenido fiebre por siete días, mareos y dolor estomacal. “Cuando camino me quieren venir los vómitos”, dijo con un hilo de voz el ama de casa, una de los más de 129 mil contagiados de la enfermedad transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti, cifra que convierte al país en el segundo con más casos en las Américas después de Brasil, según datos de la Organización Panamericana de la Salud.
La cifras oficiales en lo que va del año -129 mil 634 casos y 191 muertos- ha superado el más reciente pico histórico de 2017 cuando las autoridades registraron 67 mil 280 casos y 89 decesos, de acuerdo con el Ministerio de Salud peruano. En Piura, ubicada a 861 kilómetros al norte de Lima, se han detectado casi un tercio de los casos de todo el país. Hace un mes se declaró la emergencia sanitaria en el país para movilizar recursos.
Galán no acudió al hospital porque ha visto en la televisión las filas de enfermos que esperan atención y porque desconfía de los servicios sanitarios debido a que durante la pandemia de COVID-19 su madre murió en un hospital y le avisaron horas después. Tampoco puede ir a un consultorio privado porque el dinero que gana vendiendo una bebida fermentada de maíz de la época de los Incas alcanza apenas los 100 dólares mensuales. Su única opción, confesó, es tomar paracetamol, beber agua de arroz tostado e infusiones de manzanilla.
Los relatos son parecidos en diversas barriadas del desierto que rodea a Piura. En casi todos los poblados hubo hasta hace poco lagunas formadas tras las lluvias más copiosas en 25 años causadas por el incremento de la temperatura de las aguas del Pacífico debido al fenómeno climático de El Niño y el paso del huracán Yaku. Los vecinos tuvieron que comprar tierra en volquetes para echarla sobre los charcos luego de contemplar con horror la aparición de nubes de zancudos, ranas que croaban por las noches y ratas que corrían enloquecidas por las calles.
El marido de Galán, José Vílchez, de 52 años, su hija Taira, de 12, también se contagiaron pero se están recuperando. La semana pasada Taira tuvo que ausentarse de la escuela porque “le ardía la cabeza” tras más de una semana previa con fiebre.
La menor, que todavía padece una persistente tos, contó que otras dos compañeras con fiebre se desmayaron en el aula y que el director, la profesora y el portero de su escuela estuvieron enfermos. Las autoridades de Piura indicaron que unos 30 mil escolares y 4 mil profesores se han contagiado. Otra escuela retornó al dictado de clases virtuales luego de que un alumno murió y otros 150 estudiantes y 33 profesores se contagiaron. En un tercer colegio se reportaron 328 escolares infectados.
